Durante mucho tiempo se creyó que todo se jugaba en la infancia. La neurociencia mostró que el cerebro, en especial la corteza prefrontal, sigue desarrollándose durante la adolescencia.
La adolescencia surge entonces como una maravillosa oportunidad para desarrollar un “cerebro mejor”: una segunda época dorada del aprendizaje. También una gran responsabilidad para madres, padres, otros familiares adultos y profesionales de la salud y la educación, de favorecer su potencial.
¿Qué significa esto?
Desde finales de los años 60, primero con estudios de cerebros post mortem y luego con resonancia magnética, sabemos que el cerebro adolescente atraviesa una gran reorganización. Se pierden algunas redes neuronales producidas durante la infancia para comenzar el desarrollo de otras, que sostienen los comportamientos característicos de esta etapa. A este proceso se lo llama poda sináptica: las conexiones que se usan se fortalecen y las que no se usan se eliminan. Al mismo tiempo avanza la mielinización: la mielina, una capa que recubre las fibras nerviosas, hace más rápida la comunicación entre distintas áreas del cerebro. La corteza prefrontal es la última en completar este proceso, que continúa hasta entrada la veintena.
Por eso el ambiente importa tanto: no solo contribuye a la plasticidad neuronal, sino que también favorece el surgimiento de marcas epigenéticas que regulan cómo funcionan los genes. Lo que un adolescente vive, practica y siente en esta etapa va dando forma a su cerebro.
En esta etapa las respuestas emocionales son más intensas y rápidas, la búsqueda de placer y novedad es mayor y la corteza prefrontal, que se ocupa de planificar, reflexionar y regular las emociones, pierde temporalmente eficiencia mientras reorganiza sus conexiones.
Comprender esto cambia la mirada: las dificultades de los adolescentes se explican mucho más por los entornos en los que crecen que por las hormonas. Y abre una pregunta que nos interpela como adultos: ¿qué ambientes les ofrecemos para florecer?
Trabajo desde el enfoque del desarrollo positivo adolescente (Positive Youth Development): no solo prevenir riesgos, sino promover los recursos y potencialidades de cada joven.
Referencias: Giedd, J. N. et al. (1999). Brain development during childhood and adolescence: a longitudinal MRI study. Nature Neuroscience, 2(10), 861–863. · Blakemore, S.-J. (2018). Inventing Ourselves: The Secret Life of the Teenage Brain. Londres: Doubleday.